Cuando comienza otra temporada

"La Música de Cámara y su importancia"

 

Una vez más hemos de señalar - más aún en un país en desarrollo como es el Uruguay - que es fundamental - por los aspectos económico-financieros y por el alcance de la extensión cultural masiva - el planeamiento y por tanto la coordinación dentro de cada Institución -Pública o Privada - y en el todo Institucional nacional para con mínimo  gasto, dimensiones realistas y efectos múltiples, incluso sobre los propios artistas, sobre todo desde el campo de los Organismos del Estado.

Es que siendo una práctica generalizada mundialmente la aplicación de los instrumentistas simultaneamente en el sector sinfónico, en el sector grupal de cámara (diversos conjuntos) y en el sector solista, en Uruguay, en toda su historia musical desde el Siglo XIX y más aún en el Siglo XX, ha sido desaprovechada y no ha pasado de aislados ciclos o intentos de ciclos de Música de Cámara con fines de divulgación masiva.  

Así, se ha preferido enfocar las audiciones con predominio de las personalidades nacionales o extranjeras sin atender al trabajo sistemático y arduo de los conciertos de cámara y de la ópera de cámara.

Podrá decirse que en tiempos de consumismo masivo es más atrayente insistir en el repertorio orquestal - muchas veces más efectista que valioso en cuanto a programas y directores del exterior, número de solistas y cantidad de oyentes presentes - pero dicho quehacer no es la finalidad principal ni de Instituciones Culturales Privadas, ni de Instituciones Públicas de cometidos especializados.

Por otra parte, inmenso es el repertorio a difundir, solamente pensando lo camarístico desde el barroco y el clasicismo europeo occidentales hasta las creaciones de la llamada música contemporánea desde el Siglo XX hasta nuestros días, incluyendo tanto lo vocal como lo instrumental, lo tradicional como la música nueva.

Asimismo ha de observarse que hay muchas reiteraciones de obras, de autores y de estilos, cuando se encara la música de cámara en Uruguay, y sobre todo falta tiempo de sesudos ensayos para los grupos de cámara y el abordaje de obras antes no difundidas, que en consecuencia llegan al espectador en grados de lecturas primeras por gente que habitualmente no es invitada a actuar más de alguna vez o un par de veces cada año en la temporada musical montevideana central.

Por tanto, el intérprete y el oyente sobretodo en los casos de jóvenes ejecutantes y oyentes igualmente jóvenes se habrán de beneficiar en el ejercicio de brindar como en el ejercicio de recibir música si se abren nuevos campos, ya que repetidamente hemos observado y dialogado sobre el punto como meros oyentes, ahincados críticos y curiosos gustadores musicales en las temporadas que hemos presenciados desde los años 40 y pico del reciente Siglo XX.

Si uno recuerda las experiencias de nuestros jóvenes músicos en el exterior, abrazando a la vez lo orquestal y lo camarístico (relevante ha sido el caso de Adrián Varela en la Philharmonia Orchestra de Londres, enseñando y aprendiendo en dicha ciudad e integrando solos y grupos de cámara londinenses), se verá que es realmente posible encarar ya la música de cámara sobre las obras más allá de la invitación casual anual de solistas o de conjuntos meramente circunstanciales (recuérdese la experiencia también efectuada por Carlos Weiske en ópera de cámara con el SODRE en la temporada lírica oficial del año 2002, allegando - renovadamente - partituras y cantantes jóvenes).

He aquí una gestión cultural fructífera a organizar.

Dr. Nelson M. Giguens Risso

Crítico Musical