SONIDOS     Crítica de Egon Friedler

LA FÓRMULA IDEAL

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Israel bajo la dirección de Zubin Mehta - Programa : W.A.Mozart (1756-1791) : Sinfonía en do mayor N.41 "Júpiter" - G.Mahler (1860-1911) : Sinfonía N.6 en la menor - En el Teatro Solís, agosto 3
Zubin Mehta comenzó a dirigir la Orquesta Filarmónica de Israel en 1969, en 1977 fue designado Director Musical y en 1981 se le consagró como Director Musical vitalicio. Por supuesto, el cargo no lo limitó en su carrera internacional y paralelamente dirigió y sigue dirigiendo orquestas de primer nivel en todo el mundo. Pero su asociación con la Filarmónica israelí ha creado una simbiosis artística que recuerda a las de los tiempos pasados en las que grandes directores solían estar vinculados durante muchas décadas a "sus orquestas". Saltan a la memoria nombres como Stokovsky y Ormandy con la Orquesta de Filadelfia, Wilhelm Furtwängler y más tarde Karajan con la Orquesta de Berlín, Mengelberg con la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam o Bernstein con la Orquesta de Nueva York, que estuvieron durante décadas al frente de sus orquestas hasta identificarse con ellas.
La larga colaboración de Mehta con la Filarmónica de Israel mostró claramente sus frutos en su concierto en el Teatro Solís. Tanto la orquesta como el director han crecido comparando este concierto con los que oí en Israel en las décadas del ochenta y el noventa. Mehta es más sutil y profundo, la Orquesta ha enriquecido considerablemente su sonoridad y su ductilidad interpretativa. El sentido estilístico en ambas obras del programa fue impecable.
Por ejemplo, la sinfonía "Júpiter" de Mozart tuvo un equilibrio clásico perfecto y fue esencialmente mozartiana. Con un sonido generoso pero controlado, Mehta marcó con claridad quirúrgica los expresivos contrastes del "Allegro Vivace", la belleza serena de los temas del "Andante Cantabile", el carácter jovial del "Allegretto" y la pujanza y admirable inventiva contrapuntística del "Allegro Molto" final.
Pero el gran desafío interpretativo y espiritual (e incluso físico) fue para Mehta la Sexta Sinfonía de Mahler. Esta obra gigantesca en sus proporciones (80 minutos) es la más compleja de la creación mahleriana puramente orquestal. Alban Berg, en una carta a Webern, dijo de ella que "es la única Sexta, a pesar de la Pastoral". El tono de la sinfonía, en la que cada uno de los movimientos es un enorme e intrincado "collage" sonoro, tiene un carácter predominantemente sombrío. El musicólogo italiano Quirino Príncipe ve en la sinfonía, en dimensiones agigantadas, la idea del poema de Heine que cierra el ciclo "Amores de un poeta" de Schumann : el poeta encierra sus penas en un ataúd y lo arroja al fondo del mar. Esta sinfonía vendría a ser esa clase de ataúd para Mahler.
Pero el catálogo de "penas" musicales del genial autor de "La canción de la tierra" es de una variedad admirable, desde los tajantes e imperativos compases de la marcha inicial al avasallante y falsamente triunfal último movimiento, pasando por pasajes de infinita delicadeza y sugestión en los movimientos centrales. Por ello, nada más difícil que mantener una claridad de fraseo que dé consistencia y unidad conceptual a la obra. Mehta, obteniendo una respuesta admirable de la orquesta (y particularmente de sus dúctiles metales) no solo logró mantener esa unidad conceptual sino también poner en debido relieve cada una de las ricas ideas musicales del compositor.
En síntesis, fue la primer gran fiesta musical en un mes particularmente pródigo en materia de espectáculos musicales de gran nivel.

UN MÚSICO NOTABLE

Actuación de la Orquesta del "Diván occidental-oriental" bajo la dirección de Daniel Bareboim - Programa : Ludwig van Beethoven (1770-1827) : Sinfonía N.5 en do menor Opus 67 - Gustav Mahler (1860-1911) : Sinfonía N.1 en re mayor - En el marco de la Temporada del Centro Cultural de Música - En el Teatro Solís, 7 de agosto

Es indudable que la creación de una orquesta como un instrumento de paz y como medio de acercamiento entre jóvenes de países enemistados entre sí es un hecho artístico-político admirable. Desde ese punto de vista está plenamente justificado todo el interés que ésta ha despertado en todo el mundo, y naturalmente también en nuestro país. Pero para elaborar un juicio sobre ella es necesario tener en cuenta las condiciones en que trabaja. Está integrada por músicos jóvenes entre 14 y 25 años, no es profesional y gran parte de sus integrantes no la integran de manera regular. La orquesta se reúne una vez al año en el verano europeo, ensaya durante varias semanas y luego sale de gira. Si la Orquesta no tuviera un director de la talla de Barenboim, su nivel, al margen de su singular integración, sería similar al de numerosas orquestas de estudiantes de conservatorio en distintos países del mundo y su posibilidad de realizar giras internacionales sería limitada. Pero lo que hace la diferencia entre esta orquesta y otras orquestas juveniles es que tiene el privilegio de tener a su frente a uno de los músicos más formidables del mundo, que además es un gran pedagogo.
¿ En qué consiste la singularidad de este artista que linda con la genialidad? Por supuesto, está el dominio total de las partituras, tanto estilística como expresivamente.Pero éste es solo un punto de partida para conceptos interpretativos que son al mismo tiempo totalmente fieles al compositor e indiscutiblemente personales. Hace años que no oíamos una Quinta de Beethoven tan vigorosa, tan rica en la exposición de su entramado musical, tan genuinamente grandiosa. Y Mahler fue un prodigio de fraseo musical, de hondura conceptual, de exquisito detallismo y al mismo tiempo de una admirable unidad en la visión de conjunto de la partitura.
Todo es evidentemente fruto de la batuta incisiva, rigurosa y al mismo tiempo increíblemente flexible del director. Sus manos viven la música y ésta se transmite en cada nota, en cada frase a los jóvenes instrumentistas. Aún cuando juega a mantenerse al margen, a dejar librada a la orquesta a sus propias fuerzas, su control sobre ella funciona con la precisión de un reloj.
Indudablemente Barenboim tiene esa cualidad tan difícilmente definible que suele llamarse carisma. Pero lo que en definitiva da ese toque de grandeza a sus interpretaciones es que siempre da la sensación de hacer la "música desde adentro" de identificarse plenamente con el mundo de ideas del compositor.
Al margen del programa hubo aspectos agradables de la visita que quedan para la anécdota : los cuatro bis orquestales de "Carmen" de Bizet, la breve ceremonia de otorgamiento de huésped ilustre a Barenboim por parte del Intendente de Montevideo, Dr.Ricardo Ehrlich. Pero la visita de Barenboim y su orquesta fue mucho más que una anécdota. Fue una jornada inolvidable en la cual Montevideo tuvo ocasión de conocer a una de las personalidades musicales más fascinantes del mundo.

OPERA MENOR DE ROSSINI

"Il Signor Bruschino" de Gioacchino Rossini (1792-1868) - Opera bufa en un acto - Con los cantantes Alejandro Bertiz, Edgardo Pascale, Cristina Santi, Raúl Lema, Susana Ferrer, Nicolás Zecchi, Alejandro Pampuro y Andrés Barbery - Con la Orquesta Sinfónica del Sodre dirigida por Carlos Weiske - Dirección de escena de Juan Desiderio - En la sala del Cine Central, sábado 6 de agosto.

Sin duda, si Rossini hubiera escrito tan solo "Il signor Bruschino" no habría llegado a ocupar el lugar en la historia de la música que ocupa. Esta obra menor escrita en 1814, tiene, sin embargo, su encanto. No solo la chispeante obertura, con su utilización pionera de los golpes sobre los instrumentos de cuerda, sino también numerosos concertantes y algunas arias, particularmente las de la protagonista Sofía, que revelan una formidable inventiva melódica y un sentido de la comicidad típicamente rossinianos.
La versión dirigida por el maestro Carlos Weiske fue ágil y competente, con puntos altos en la fluida régie de Juan Carlos Desiderio, en la agilidad vocal y belleza de timbre de Cristina Santi y en la autoridad vocal y escénica de Alejandro Bertiz. Menos convincente fue el desempeño de Raul Lema y el de Edgardo Pascale, mientras en los roles complementarios solo cabe destacar el profesionalismo y la eficiencia del desempeño tanto teatral como musical de Alejandro Pampuro.

 UNA MUY DIGNA VERSIÓN DE "BODAS DE FÍGARO"

Presentación de la ópera "Las bodas de Fígaro" de Mozart con los cantantes Marcelo Otegui, Natalia Brignardello, Alfonso Mujica, María José Sirui, Elisabeth García, Lilian Cardone, Alejandro Di Nardo, Leonardo Ferrando, Adriana Castro, Nicolás Zecchi y Alvaro Pintos - Régie : Diana López Esponda - Orquesta Sinfónica del Sodre dirigida por el maestro Antonio Russo - En el Cine Central, agosto 14

Hubo algunas cosas muy discutibles en esta versión de "Las bodas de Fígaro" como el corte de una espléndida escena en el tercer acto (si hay un autor que no necesita cortes es Mozart), la ausencia del coro, una escenografía precaria y una iluminación pobre. Pero felizmente los aspectos positivos de esta puesta quitaron entidad a estas objeciones. Si en lo teatral la versión fue fluida y competente, en lo musical alcanzó logros sumamente importantes. En primer lugar, fue notable la dirección musical del maestro Antonio Russo. No solo fue un acompañante dúctil de los cantantes (salvando gallardamente la situación cuando un cantante hizo un inesperado y caprichoso ritartando) sino que fue un intérprete mozartiano inteligente y sutil.
Pero lo que dio jerarquía al espectáculo fue sin duda el desempeño de los cantantes. María José Siri encarnó a la Condesa con la debida dignidad y vocalmente justificó con creces los avances de su cada vez más importante carrera internacional. Su versión de "Dove Sono" recordó a la clásica interpretación de Kiri te Kanawa por su tierna languidez y su bellísima línea de canto. Natalia Brignardello hizo una Susana desenvuelta y segura, cantando su rol con impecable sentido estilístico. El Fígaro de Marcelo Otegui aún requiere un considerable trabajo, especialmente en los recitativos en los que está muy incómodo. Pero de todos modos tuvo un desempeño digno, luciendo en las principales arias sus excelentes condiciones vocales. Algo similar puede decirse del Conde de Almaviva de Alfonso Mujica, al que todavía le falta una mayor naturalidad y desenvoltura en lo actoral, y un sentido interpretativo más sofisticado en lo musical. Pero estos reparos no impidieron disfrutar la versión en conjunto. Ambos poseen hermosas voces y cantaron con musicalidad y buen gusto. Elisabeth García cantó con sensibilidad y gracia el Cherubino (aunque sobreactuó un poco). Asimismo merece destacarse la actuación pareja y competente de prácticamente todo el resto del elenco : Lilian Cardone (Marcellina), Alejandro di Nardo (Doctor Bartolo) Leonardo Ferrando (Don Basilio) Adriana Castro (Barbarina) y Alvaro Pintos (Don Curzio). Nicolás Zecchi (Antonio) cantó enfermo lo que salvó la representación pero también inevitablemente redujo su nivel en las escenas en las que participó.
En el balance general, fue una versión de muy buen nivel que merece ser repetida en otro ámbito más atractivo que la modesta sala del Cine Central.

BOHEME : UN LOGRO MAYOR

Giacomo Puccini : "La Boheme" ópera en cuatro actos - Libreto de Illica y Giacosa basado en "Las escenas de la vida bohemia" de Henry Murger - Con los cantantes María José Siri, César Augusto Gutierrez, Luz del Alba Rubio, Dario Solari, Ariel Cazes, Federico Sanguinetti, Daniel Romano, Alejandro Pampuro, Néstor Ortiz, Luciano Degli Angeli y Eduardo Salsamendi - Dirección musical : Federico García Vigil - Régie: Marga Niec - Dirección del coro del Sodre : Lilian Zetune - Directora del coro de niños : Cristina García Banegas - Escenografía : Nicola Benois (Milán) - Vestuario : Teatro Colón de B.Aires - Luces : R.Conde (del T.Colón de B.A) - En el Teatro Solís, domingo 21

En varios rubros esta "Boheme" superó de lejos el nivel medio de la ópera en el Uruguay en las últimas décadas : en la calidad de todo el elenco de cantantes, en el cuidado de la dirección musical, en la excelencia de la escenografía, en la variedad multicolor de los trajes y el sugestivo empleo de las luces. También hubo aciertos destacables en la régie de Marga Niec, aunque ésta tuvo también sus aspectos discutibles. Por ejemplo, en el segundo acto hubo demasiada acumulación de gente en la escena sin una clara división de roles ni una precisa lógica teatral ; en la escena final no parece convincente que Rodolfo se abrace con Marcelo y solo luego se decida a tomar la mano de su amada que acaba de exhalar el último suspiro. La lógica romántica de la obra exigía un acto impulsivo de amor y desesperación. Con ello, el desarrollo de la trama teatral fue ágil, fluido, natural, y en sus mejores momentos, realmente emotivo.
La dirección de García Vigil apoyó eficazmente a los cantantes sirviendo al mismo tiempo fielmente al generoso "melos" pucciniano y destacando sus sutilezas de orquestación. María José Siri fue una Mimí cálida, sensible, con una hermosa línea de canto y una siempre convincente presencia escénica. El tenor César Augusto Gutierrez fue un Rodolfo competente, con muy buenos agudos, pero un timbre menos agradable en el registro medio y en los concertantes. Dario Solari logró un doble acierto : actoral y vocal. Dió verosimilitud escénica al personaje y lució su hermosa voz poniéndola eficazmente al servicio del genio melódico pucciniano. Quizás la Museta de Luz del Alba Rubio estuvo algo sobreactuada pero el rol lo permite y en lo vocal lució debidamente su hermoso timbre brindando una cálida y persuasiva interpretación de su célebre aria del Segundo Acto. Igual solvencia tanto actoral como vocal revelaron Federico Sanguinetti (Schaunard) y Ariel Cazes (Colline), brindando este último una conmovedora versión de "Vecchia cimara" su patética aria del cuarto acto. Daniel Romano, que encarnó el rol de Benoit, supo estar a la altura del resto del elenco.
Cabe destacar el excelente desempeño de los coros, el del Sodre, dirigido por Lilián Zetune y el de niños, bajo la guía de Cristina García Banegas. Lo último pero no lo menos importante, cabe felicitar a los responsables por la publicitación del espectáculo : hacía tiempo que en Montevideo no se lograba un lleno en cinco funciones de ópera.