ADIÓS A MARGARET GRAHAM

Egon Friedler

El jueves, 15 de abril, falleció en Montevideo Margaret (Peggy) Graham, una de las figuras señeras de la danza en el Uruguay.

Margaret Graham llegó al país en 1957 luego de una importante trayectoria en su país natal, la Argentina, donde integró el Ballet del Teatro Argentino de La Plata en calidad de Primera Bailarina. Junto con su esposo y partenaire, Tito Barbón, fue contratada para liderar el ballet del Sodre y desde entonces su trayectoria artística ha estado ligada a nuestro país, del cual obtuvo la ciudadanía en 1964.

Si bien Graham bailó en distintas ocasiones en el extranjero, por ejemplo, integró el ballet de Alicia Alonso con el que recorrió el continente y en una oportunidad acompañó a Margot Fonteyn como Myrta en “Giselle” en los años 7O en Río de Janeiro, su carrera estuvo esencialmente ligada al Sodre y a nuestro público.

Durante 23 años, entre 1957 y 1980, fue nuestra estrella inolvidable en los ballets clásicos de repertorio como “Lago de los Cisnes” y “Giselle” así como en obras más modernas como “Combate” “Don Juan de Zarissa” “Opus 2” y “Apolo”. En 1971, por recomendación de Margot Fonteyn, fue becada por el Consejo Británico para cursar la cátedra de “Docente de Ballet” en el Royal Ballet School de Londres, donde aprobó sus estudios con honores.

En 1975 se le confió la organización de la Escuela Nacional de Danza, División Ballet, por parte del Ministerio de Educación y Cultura. Como directora de esta institución realizó una valiosísima labor docente y organizativa. No sólo formó generaciones enteras de bailarines de ambos sexos, la mayoría de los cuales se han integrado al elenco local o han hecho importantes carreras en el extranjero. Además realizó una destacada labor de difusión con los espectáculos anuales de su Escuela, dirigiendo realizaciones de gran jerarquía como “Cascanueces” “Coppelia” y “Sueño de una noche de verano”.

En 1988 obtuvo una beca de la Comisión Fullbright de perfeccionamiento docente en la célebre Academia Julliard de Nueva York y hasta 1993 desempeñó la dirección de la Escuela. Pero su retiro no fue definitivo. En 2002, en una situación difícil para el Instituto que dirigió con tanta dedicación y eficacia, fue llamada a volver a su dirección, manteniéndose en el cargo hasta febrero de 2003.

Margaret Graham ha sido honrada por distintas organizaciones vinculadas a la danza, tanto en el país como en el extranjero. Entre las primeras cabe citar el Premio Nacional de Danza por su trayectoria, otorgado por el “Consejo Uruguayo de la Danza” miembro de CID-Unesco, y entre las segundas cabe destacar que era integrante de la “Royal Academy of Dancing” de Inglaterra.

Quienes vieron la figura alta y espigada de Margaret Graham sobre un escenario difícilmente pueden olvidarla. Era una bailarina de raza que desempeñaba con igual fortuna los roles más clásicos y etéreos y los más vigorosos y exigentes desde el punto de vista dramático. Con una técnica limpia y segura, una presencia escénica siempre destacada y una entrega total a sus roles, fue la gran dama de la danza en el Uruguay durante más de dos décadas. Si hubiera que definir de alguna manera su capacidad de comunicación con el público, diríamos que tenía un “carisma suave” , es decir, que su sugestión se derivaba más de su elegancia y su encanto que de su natural autoridad escénica.

Quienes tuvimos la fortuna de conocerla y tratarla, no olvidaremos su bonhomía, su simpatía, su sencillez y su sanísimo sentido común. Con Margaret Graham el país pierde a una gran artista y una estupenda docente, que supo transmitir los secretos de su arte a sus alumnos con generosidad y singular talento pedagógico.

Con su desaparición, nuestra cultura pierde a una de esas pocas figuras que han sabido conquistar un puesto indiscutido en la muy reducida lista de los “imprescindibles”.