EN
EL BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE BERLIOZ
por
Egon Friedler
Nota
transcripta de "Relaciones", sitio web:www.chasque.apc.com/relacion,
en gentileza para puntoclasico.com
En
una entrevista periodística que realicé con el pianista
cubano-norteamericano Jorge Bolet durante una de sus visitas artísticas a
nuestra ciudad en la década del setenta, el célebre visitante, que
falleció hace pocos años, me sorprendió con su violento rechazo a la
música de Berlioz. Bolet no fue el único. La mayoría de los grandes
músicos del siglo XIX rechazaron con vehemencia a Berlioz y aún en el
siglo XX no le faltaron adversarios. Algunos ejemplos notorios : Chopin :
"Berlioz compone manchando con su pluma el manuscrito y dejando el
asunto en manos del azar" ; George Bizet : " Berlioz tenía
genio....pero no tenía talento" ; Feliz Mendelssohn : con referencia
a su obertura "Los jueces de la corte secreta" : "Su
orquestación es una chapuza tan incongruente, que uno tiene que lavarse
las manos después de tocar una de sus partituras" ; Claude Debussy :
"Un monstruo.No tiene nada de músico.Crea la ilusión óptica de su
música a partir de medios que toma prestados de la literatura y la
pintura. Además, por lo que yo veo, no hay nada francés en él."
Por supuesto así como tuvo detractores también tuvo admiradores. Algunos
testimonios ilustres : Heinrich Heine : " Es un ruiseñor inmenso,
una alondra tan grande como un águila..." ; Modest Mussorgsky :
"Beethoven fue un pensador y Berlioz un super-pensador" ; Wagner
: "Debemos honrar a Berlioz como el verdadero redentor de nuestro
mundo musical" y Romain Rolland : " Una sola de sus obras revela
más genio, no temo decirlo, que toda la música francesa de su siglo.
Todavía comprendería que se le discutiese en el país de Beethoven y de
Bach. Pero entre nosotros ¿ Quién se le puede oponer? Gluck fue un
hombre mucho más grande. Y lo mismo César Franck, pero nunca fueron
músicos de su talla. Si el genio es la fuerza creadora, no veo en el
mundo más que cuatro o cinco de su temple ; y cuando he nombrado a
Beethoven, Mozart, Bach, Haendel y Wagner, no le conozco en el arte
musical, un superior, ni siquiera un igual."
Este año, al cumplirse los 200 años del nacimiento de Berlioz
(1803-1869) seguramente los musicólogos terminarán por establecer un
juicio equilibrado. En estos breves apuntes trataremos de aportar una
modesta contribución a la creación de ese juicio.
Hector Berlioz, hijo de un médico, fue destinado a seguir la carrera de
su padre. Pero Berlioz, cambió de carrera para estudiar música en el
Conservatorio de París lo que le valió un duro conflicto con sus padres
que le retiraron su apoyo económico. Para ganar dinero, tuvo que actuar
como comparsa en pequeños teatros de vaudeville. Mientras estudiaba en el
Conservatorio con Lesueur y Anton Reicha, bosquejó en 1828 "Las ocho
escenas de Fausto", que en 1846 utilizó para su leyenda dramática
"La condenación de Fausto" y en 1830 creó su obra maestra
"La Sinfonía Fantástica", inspirada en su amor compulsivo por
la actriz británica Harriet Smithson a la que había visto actuar en
dramas de Shakespeare tres años antes. Berlioz, que había fracasado en
un intento anterior de obtener el codiciado Premio de Roma, consiguió el
galardón en 1830 con su cantata "La última noche de
Sardanápalo". De regreso de Italia, donde permaneció tres años
logra finalmente casarse con Harriet Smithson. Pero el casamiento con su
musa resulta un desastre. Las diferencias de edad y de temperamento pronto
se evidenciaron y no pasó mucho tiempo hasta que Berlioz se relacionó
con una cantante mediocre, Maire Recio, lo que provocó en su mujer
reacciones de violentos celos. Berlioz producía febrilmente : en 1834, la
sinfonía "Haroldo en Italia", en 1837 la "Gran misa de
muertos", en 1838 la ópera "Benvenuto Cellini", en 1839,
la sinfonía dramática para solos y coros "Romeo y Julieta".
Paralelamente desarrolla una activa carrera como crítico musical en el
"Journal des débats" y en "Correspondant". Su música
es recibida con escepticismo y hasta con burlas por la mayoría del mundo
musical, pese a lo cual algunas figuras supieron valorar su genio. El caso
más célebre es el de Paganini, quien prestó una gran ayuda económica a
Berlioz en un momento particularmente difícil. En su país solo conoce
reveses económicos, pero logra resarcirse de alguna manera en viajes al
exterior, presentándose como director de orquesta. En 1843 realizó un
primer viaje a Alemania y en 1846 y 1847 estuvo en Austria y en Rusia. En
1846 presentó "La condenación de Fausto" actuando como
productor del espectáculo. Es un fracaso económico que agrava
considerablemente su ya precaria situación. Durante un tiempo, logró
crearse una posición en Londres, pero finalmente debió volver a París
ya que económicamente su permanencia en la capital británica había
dejado de ser rentable. En 1854 falleció su esposa Harriet Smithson y
tres semanas más tarde partió con Marie Recio en una gira por Alemania.
Ese mismo año conoció los dos mayores éxitos de su carrera. Su oratorio
"La infancia de Cristo" recibió una acogida triunfal en París,
y luego fue presentado en Hanover y en Weimar. Asimismo obtuvo una cálida
recepción el "Te Deum" en el cual participaron 900 coristas. En
octubre de 1854, Berlioz se casó con la Recio quien falleció en 1862.
Sus últimos años fueron tristes aunque logró una modesta seguridad
económica. Ninguna de sus grandes obras de los últimos años como
"Beatriz y Benedicto" (1862) y "Los troyanos en
Cartago" (1855-1863) obtiene un genuino reconocimiento. Después de
un último viaje a Alemania, Austria y Rusia (1866-1868) falleció en
París en 1869.
Berlioz fue además de músico, un notable escritor. Sus
"Memorias" constituyen un valioso testimonio sobre la vida, la
cultura y la música en el siglo XIX.Sus colecciones de artículos de
crítica sorprenden hasta hoy por su lucidez, su profundidad y su estilo
elegante. Asimismo como teórico de la música realizó un aporte
fundamental con su "Gran Tratado de Instrumentación y Orquestación
modernos" (1844). Algunos analistas sostienen que tuvo una influencia
importante en Wagner que el compositor alemán nunca reconoció.
Pero al margen de las discusiones sobre influencias, es claro que Berlioz
fue un gran individualista de la música y que las puertas que creyó
abrir no condujeron a ninguna nueva visión de la música. Además fue el
prototipo del artista romántico, desmesurado, impetuoso, apasionado. Por
ello tuvo razón Michael Wright al realizar en estos términos el balance
de su vida : "Las enormes reservas de energía de Berlioz lo
sostuvieron durante la mayor parte de su vida en su constante pugna por
realizar sus ideales. Sin embargo, al vivir la vida con esa intensidad,
solo significaba una cosa : al final, terminaría en un fracaso
inevitable. Al renunciar a su prolongada carrera como crítico en el
"Journal des débats", Berlioz escribió : "Yo soy.....
esperanza del pasado, ilusiones del pasado, concepciones elevadas y
pensamientos profundos del pasado." Su espíritu solo podía
expresarse en la ira y el desprecio por la locura y deshonestidad del
mundo."
Pero la música de Berlioz, única y singular, sigue más viva que nunca.
Y no solo se dan sus obras más conocidas sino que se redescubren las
composiciones que no alcanzaron a ingresar al repertorio sinfónico y
operístico corriente. El significativo juicio de Darius Milhaud "Berlioz....universalmente
conocido y tenazmente desconocido" está dejando de corresponder a la
realidad.
Del mismo modo, está quedando claro que Berlioz es una de las figuras
más interesantes del romanticismo musical del Siglo XlX. Personalmente
creo que los juicios más certeros sobre el hombre y su obra proceden de
dos críticos coterráneos suyos, Norbert Dufourcq (Breve historia de la
música) y Guy de Portales (Prefacio a "Berlioz y la Europa
romántica"). Dufourcq escribió : "Este artista rebelde, cuya
amargura oculta también un espíritu sensible, poseyó el genio del
color, el amor por los contrastes sonoros, por los timbres inéditos y por
lo fantástico. Su orquestación, pesada a veces, marca sin embargo, un
progreso decisivo sobre sus predecores. Resucita la música de programa,
es uno de los primeros en utilizar el procedimiento del leit motiv, o sea
la idea fija que aparece tan pronto en un pasaje como en otro, y siempre,
como en la "Sinfonía Fantástica" evoca la misma imagen. Si la
ciencia musical y armónica como también la ciencia de la construcción y
el equilibrio se le escapan a veces, es necesario admirar los ritmos que
utiliza (Los fuegos fatuos, la Marcha Húngara), la belleza de algunas
melodías (El rey de Thule, la Serenata de Mefisto y la Invocación a la
Naturaleza de"La condenación de Fausto", la
"Ausencia" y la "Cautiva" o la grandeza completamene
clásica de ciertos coros (Te Deum, Requiem) o de varias escenas de
"Los troyanos"."
Por su parte, Guy de Portales escribió : "Berlioz rompió todos los
moldes.... Se le puede declarar incompleto, oscuro, falto de encanto,
desigual, pero no deja de ser el primer lanzador de ideas nuevas, el
primer romántico y el más auténtico de los revolucionarios del arte
musical francés"
En este año del bicentenario de su nacimiento, en el cual la obra de
Berlioz será ejecutada repetidamente en diferentes rincones del mundo,
millones de oyentes podrán corroborar por sí mismos el valor de estos
juicios.