CARLOS ESTRADA Y NUESTRO IMAGINARIO MUSICAL

Al escribir sobre el Instituto Verdi, en pasadas entregas en nuestra sección, "Nuestro Pasado Musical", (Revista "SINFÓNICA" números correspondientes a los meses de setiembre a diciembre de 2002), lo hicimos con el subtítulo de "En Busca del Tiempo Perdido". Expresaba así el propósito de rescatar del pasado, un proceso histórico fundamental en nuestra cultura, y el de su iniciador, el maestro Don Francisco Sambucetti, muy ingratamente olvidado y malogrado en su legítima trascendencia.

En nuestra primera colaboración, - con la nueva y muy bien venida página de Web "Punto Clásico", - hemos creído oportuno referirnos al maestro Carlos Estrada, de quien el próximo 7 de mayo, se cumplen 33 años de su fallecimiento, y quien comparte con "Don Pancho" Sambucetti (así se lo llamaba cariñosamente en su época), ese destino de olvido y aún de inexplicable indiferencia, en el cual nuestra cultura deja perder algunas de sus realizaciones, de valores excepcionales y logradas tras grandes esfuerzos y sacrificios.

Al comentar nuestro libro "Lauro Ayestarán y la Música Uruguaya" . (Fonam. Montevideo 2000.), el escritor y periodista Roy Berocay, ( "Al rescate de un rescatador" Semanario "Búsqueda". 15 de febrero de 2001. Pag. 47), hizo una significativa observación, que expone la indolencia, con que ignoramos y aún distorsionamos figuras y hechos del pasado, actitud que nos empobrece y nos niega una visión coherente de nuestro devenir cultural.

Dijo Berocay: "Uruguay es un país curioso. Puede darse el lujo de haber tenido a uno de los mejores historiadores e investigadores musicales del continente trabajando durante años en una obra de recopilación de nuestras distintas manifestaciones folklóricas, editar ese libro y dejar que se pierda en el tiempo". Se refería a "La Música en el Uruguay", de Lauro Ayestarán, premiada con el Premio Nacional de Historia de 1945, editada por el SODRE en 1953,- dentro de los actos conmemorativos del centenario de la muerte del Gral. José Gervasio Artigas,- y que pasado medio siglo aún ni se ha considerado una nueva edición...

. A nadie escapa, lo problemático para ubicarnos con claridad en nuestro imaginario cultural, con los efectos de la industrialización de los medios expresivos, potenciados por las modernas tecnologías que brindan los medios de comunicación.

El musicólogo uruguayo, discípulo de Lauro Ayestarán y radicado desde hace muchos años en Venezuela, Walter Guido, observó con claridad este problema, cuando se refiere al establecimiento de una "cultura de masas", "que implica una nivelación, que en materia de arte, y concretamente en música, frecuentemente conduce a una descaracterización. "Además,- concluye Guido,- los medios de comunicación de masas contribuyen decisiva y rápidamente a hacer desaparecer la cultura oral, tradicional, propia de una región, mecanizando, uniformando y estereotipando sensaciones y expresiones musicales preparadas de antemano, con fórmulas casi siempre foráneas, creadas ex profeso y en serie". ( Walter Guido: "Interignorancia" musical en América Latina". Pag 286 de libro dirigido por Isabel Aretz "América Latina en su música". Unesco. Editores Siglo XXI. Mexico. 1977).

Este calificado musicólogo,- que fuera compañero nuestro en el IPA , en la lejana década del cincuenta del siglo pasado (!),- se refería en particular, como se habrá advertido, a las expresiones folklóricas y populares, cuyos efectos podemos constatar diariamente. Pero la música en todos sus aspectos, expresivos, de difusión, educativos, es naturalmente influída por esos factores, que detrás de promocionados éxitos, no puede ocultar un marcado descenso en su nivel cultural. La pérdida de referencias, de orientación hacia valores superiores, inexistente en los ámbitos de la enseñanza y en los medios de comunicación, sensiblemente reducidos, son sus causas principales.

"La elección del tipo de cultura anhelada impone el tipo de educación, como también decide sobre el tipo de música hacia el cual ha de orientarse la actividad creadora y la organización de la vida musical en general, dentro de la comunidad" nos enseñó el musicólogo y pedagogo argentino Ernesto Epstein.

A este principio se asocia el maestro Daniel Baremboin,- un ejemplo en el mundo de sensibilidad artística y humana,- cuando previene a los gobiernos, la esencialidad de la enseñanza de la música en las escuelas; lo hace presagiando que "sin educación, la música puede desaparecer" ...

Cuando se cumplieron diez años del fallecimiento del maestro Carlos Estrada (1970.1980), organizamos desde el Ministerio de Educación y Cultura un concierto en su homenaje con la Orquesta Nacional de Cámara, que dirigió su director estable Miguel Patrón Marchand, y publicamos un folleto con enfoques sobre su personalidad y obra, de tres personalidades, (hoy tristemente desaparecidas): los maestros Pedro Ipuche Riva, y Roberto Lagarmilla y el crítico Washington Roldán.

Dentro de sus múltiples aportes a nuestra cultura musical, - como asesor musical del SODRE, fundador de la Asociación de Compositores del Uruguay (1948), director del Conservatorio Nacional (1954-1968), la instalación en dicho centro docente la Editorial Nacional de Música,- su desempeño al frente de la Orquesta Sinfónica Municipal, desde sus fundación en 1959, le permitió hasta su fallecimiento en 1970, realizar una ejemplar tarea de planificación de conciertos, coordinada inteligentemente con lo que realizaba la OSSODRE. Fue el resultado de un proceso, que ya había iniciado en 1936, cuando con 27 años de edad, formó la Orquesta de Cámara Montevideo, con la que realizó una importante labor de difusión. La Orquesta Sinfónica Municipal. (de la que tuve la dicha de ser integrante por veinte años, como primer trompa solista) fué estructurada por el maestro Estrada con 36 integrantes, que fué independizando de otros organismos y la orientó hacia un repertorio distinto al de la OSSODRE, con Bach , Vivaldi, Couperin, Rameau, Lully, Lalland, Gibbons, Roussel, Lesur, Haydn, Mozart, Beethoven, Milhaud, Méhul, Lazar, de Falla, Bartok, Debussy, Ravel , Chabrier, etc, etc, y la inclusión permanente de obras nacionales y americanas.

Todo ese hermoso y muy personal repertorio, que distinguía a la OSM y brindaba a nuestros aficionados una ampliación muy seleccionada de la creación musical de todos los tiempos, - que complementaba idealmente lo que ofrecía la Orquesta del SODRE, - se perdió cuando la Intendencia Municipal , la transformó en la hoy Filarmónica de Montevideo.

El final de la vida de Carlos Estrada ofrece un conmovedor sacrificio, que nos recuerda el sufrido por Don Pancho Sambucetti, tal cual mencionamos al principio, con el olvido y la frustración de sus obras.

Así como luchó para crear y definir el estilo de la OSM, también lo hizo para dotarle su propio ámbito. Y creyó encontrarlo en el citado Centro de Arte del Palacio Municipal. Fué un enorme esfuerzo. La "sala", con sus altas paredes y escaleras de hormigón, sin ningún revestimiento, en los meses de invierno, obligaron, en los conciertos, acudir al auxilio de grandes braceros de carbón de piedra. Templaba algo el ambiente y el numeroso público y los músicos, al promediar la velada sentíamos caer sobre nuestras cabezas, suave y tibiamente el polvillo de la combustión...

La magnífica réplica de la "Puerta de Paraíso" de Lorenzo Ghiberti (que preside la hoy Sala de Congresos), frente a la cual se situaba la orquesta, fué testigo del esfuerzo del maestro Carlos Estrada, que habiendo sufrido un espasmo cerebral un año atrás dirigiendo un concierto en el Teatro Solís, no abandonó su tarea. Cuando le advertíamos el riesgo de soportar esas bajas temperaturas con ese temible anuncio de su enfermedad, se burlaba y decía que su deseo era morir como Moliére...

Cuando el citado concierto de homenaje de 1980, se ofreció el siguiente programa: los cantantes Ana Monteleone, Graciela Lassner, Juan Carlos Taborda, Walter Mendeguía y Antonio Soto interpretaron "a cappella: Motete Virgo Dei Genitrix Op. 20 y Motete Domine Deus meus Op. 17; Preludio del Oratorio Daniel, Op. 31, Fantasía para clarinete y orquesta op. 23 (solista: Hugo Siciliano); Preludio, Minue y Final Op. 9 y finalmente "Canciones de Cuna·" op. 5 en la que intervino la soprano Laura Mendez..

En la introducción del citado folleto, terminamos expresando: .."que el mejor homenaje que podemos ofrece a su memoria,- sin discursos ni formalidades que sabemos, no le agradaban,- es presentar su obra, rescatándola en su integridad y hacerla vivir en nuestras salas de concierto":..

Escribió Washington Roldán reconociendo el significado de la obra del maestro Estrada para nuestro medio:

"En su momento tuvo una importancia formativa considerable, pero hoy día lo necesitaríamos más que nunca. En estos momentos en Montevideo están faltando las mentes clarividentes y orientadoras como eran los directores-compositores que abundaron en el Montevideo de hace 20 o 30 años. Hoy día están faltando los Estrada, los Casal Chapí, los Castro y los Baldi."

Prof. Alfredo Nicrosi Otero