Danza
importante
Maximiliano Guerra en Montevideo
por Nelson M. Giguens Risso
Maximiliano Guerra, bailarín solista argentino de fama internacional , director artístico y principal solista del BALLET DEL MERCOSUR, fundador del conjunto, volvió a Montevideo, tras su inolvidable primera visita, tras cuatro años alejado de Montevideo, y revivió el recuerdo de sus funciones individuales y la imagen perdurable de dicho equipo en el 2000 a través de La Sylphide de Mario Galizzi, ahora coreógrafo residente.
Esta propuesta artística de danza clásica y danza moderna ya brilló en el comienzo con Raymonda del mismo Galizzi, ejemplo de la mejor academia del llamado: Ballet Blanc, por la escuela superior, el estilo puro, coordinación orgánica juvenil de los intervinientes y los brillos solistas.
Siguió: Entre abrazos, música de Chaussoon finamente brindada, coreografía de la uruguaya María Inés Camou, con el lirismo impar de esta creadora superexquisita en su neoclasicismo romántico de danza variada de pareja, realmente sublime (estreno mundial) por estructura y unidad danza-música.
Otro hallazgo fue la reedición del Adaggietto de Mahler, descollando Guerra por su perfecta fluidez del fraseo coreográfico, en la celebrada obra de Araiz.
NUNCA ES TARDE, fue otro profundo acierto de Guerra expresivamente.
El espíritu moderno brilló con el lirismo corporal - alternadamente - en la estilización norteña de BAILANTAS, con un nacionalismo reactualizado magníficamente, aliando destreza, unidad colectiva e impecable vitalidad juvenil.
Guerra nuevamente asombró en ARMS, coreografía de Bigonsetti, en composición escultórico-ritualista de admirable desarrollo de tensiones corporales integrales virtuosístico-artísticas.
Parejas y conjuntos entusiasmaron en TANGOS MIRANDO AL SUR, una suite de seis partes en que convergieran elegante fraseo y acrobacias coreográficas, en un todo rítmico brillante, sobre todo en el sector femenino de jóvenes tan estupendas figuras como de movimientos, especialmente al desplazarse.
Finalmente, además de desear próximas visitas de estos artistas argentinos, cabe subrayar la necesidad de usar una sala netamente de teatro, pues la horizontabilidad de la Sala del Radisson Victoria Plaza Hotel y su Ballroom tanto impide la debida visión de los espectadores como el reducido escenario limita los movimientos de los danzarines y la iluminación pertinente.
Sí, cabe aplaudir el vestuario presentado, congruente con el carácter de cada obra exhibida.
Observación final corresponde a las interpretaciones musicales de Bailantas y Mirando al Sur con acentos de fraseo y excesos de instrumentación innecesarios, en las grabaciones utilizadas.