FIDELIO O LA EXALTACIÓN DE LA LIBERTAD
Por Egon Friedler - Gentileza de Semanario Relaciones 

“Fidelio” – “Singspiel en dos actos Op.72 de Ludwig van Beethoven (1770-1827) – Libreto de Josef Sonnleithner, Stefan von Breuning y George Friedrich Treischke – Dirección musical de Franz Paul Decker – Régie, escenografía e iluminación : Roberto Oswald – Vestuario : Anibal Lapiz –Dirección del coro : Alberto Balzanelli – Con los cantantes Paul Frey, Nadine Secunde, Hernan Iturralde, Ariel Cazes, Mónica Philibert, Ruben Martínez y Ricardo G.Dorrego y Sebastiano de Filippi – En el Teatro Colón de Buenos Aires – Octubre 7Si la “Novena Sinfonía” es el gran canto de Beethoven a la fraternidad humana, “Fidelio” es su más explícito manifiesto de exaltación de la libertad y de repudio a la tiranía.La única ópera de Beethoven, considerada un “singspiel” porque tiene partes habladas, fue quizás la obra de gestación más difícil de toda su obra. La primera versión de 1805, que fue estrenada en una Viena ocupada por las fuerzas de Napoleón, constituyó un fracaso. Varias son las causas de este fracaso : la primera, un público integrado en parte por oficiales franceses que entendían poco alemán, la extensión de la partitura y finalmente la calidad de la representación. En ésta sin duda debe haber influido el estado avanzado de sordera del compositor quien insistió en dirigir la obra.Beethoven hizo una segunda versión al año siguiente, reduciendo a dos los tres actos originales con el libreto modificado por su amigo Stefan von Breuning, que no lo dejó satisfecho. Finalmente en 1814, con la participación de un nuevo libretista, George Treitschke, escribió la tercera y definitiva.
Esta es la versión que se representa hoy, iniciada no por alguna de las tres oberturas con el nombre de “Leonora” compuestas para las representaciones anteriores, sino con una nueva y más breve introducción orquestal. Sin embargo, la Tercera de las oberturas de “Leonora” es utilizada con acierto como preludio al segundo acto y el director Franz Paul Decker se ajustó a esta costumbre consagrada por Gustav Mahler en 1904, en la versión del Teatro Colón.La acción, que se desarrolla en España se narra en dos actos integrados por 16 números entre recitativos, arias, conjuntos y partes dialogadas. El argumento se origina en una obra del francés Jean Nicolas Boully estrenada en 1798 titulada “Un amor conyugal”. La historia al parecer se inspira en un hecho real. Bouilly, que fue procurador de un tribunal revolucionario oyó el caso de la condesa de Semblancay, quien salvó a su esposo el conde René de una prisión jacobina, disfrazada de hombre. La historia inspiró varias óperas de autores franceses como Pierre Gaveaux, Ferdinand Paer y Simon Mayr en los años siguientes. En 1804, Joseph Sonnleithner, director del Theater an der Wien, tradujo al alemán el libreto. Al mismo tiempo se presentó en Viena, con gran éxito, otra ópera con libreto de Bouilly “Las dos jornadas” o “El aguatero” de Cherubini. Dada la admiración de Beethoven por Cherubini algunos autores han manejado la tesis de que el compositor desechó otros proyectos operísticos, para decidirse por el libreto de Bouilly.La trama de “Fidelio” es simple. Leonora, la esposa de Florestán, un preso político bajo la jurisdicción del tiránico gobernador Pizarro, logra introducirse en la cárcel en la que su marido está preso, disfrazada de hombre. El falso Fidelio se gana la confianza del carcelero Rocco y hasta conquista el amor de su hija Marcelina, que rechaza los requiebros de su pretendiente Jaquino. Después de mucha insistencia, Leonora-Fidelio logra que Rocco la lleve consigo al calabozo subterráneo en el que está detenido su marido. Leonora reconoce a su marido en una escena conmovedora. La suerte acompaña a la pareja reunida. En el momento decisivo, en el que Pizarro en persona quiere dar muerte a Florestán, ya que Rocco se niega a hacerlo, llega el Rey. Este, que no conocía los manejos del infame gobernador, no solo restituye la libertad a Florestán y a los demás prisioneros, sino que además castiga a Pizarro. La ópera culmina con un gran coro triunfal.Hoy son evidentes las debilidades de la historia. El truco de la mujer disfrazada de hombre que podía ser válido en la literatura de comienzos del siglo XIX hace tiempo que no convence a nadie. Igualmente son inverosímiles el enamoramiento de Marcelina de Fidelio, el rápido ascenso de Fidelio a la categoría de hombre de confianza de Rocco, la sospechosa bondad de quien después de todo es un carcelero al servicio de un jerarca tiránico y la oportuna aparición del rey que permite la rápida liberación de Florestán y el no menos rápido enjuiciamiento del villano de la historia, el cruel Pizarro.
Pero como sucede en algunas grandes obras maestras, la música dota de una verdad profunda a una historia menor. En su obra “Beethoven: las grandes épocas creadoras” en cinco tomos, escrita en 1927, Romain Rolland traza una semblanza poética de “Fidelio”, que aunque hoy pueda parecernos exagerada, tanto en forma como en contenido, define en su esencia a esta ópera, cuyo lugar en el repertorio es hoy no menos firme que el de las nueve sinfonías.Dice Romain Rolland : “Beethoven se eleva del primero al segundo acto, de la comedia burguesa del siglo XVlll hasta la gran tragedia musical, tal como la concibió Gluck, pero osando despojarla de su ropaje antiguo, cuyo noble convencionalismo falsea sus movimientos.Le hemos visto incluso exceder, por momentos, los límites del argumento y del personaje trágico (el Florestán encadenado) para alcanzar el profundo abismo de la soledad, común a las almas de los vivos. No obstante, le tiene sujeto hasta el final del acto de la prisión ; agota en él los raudales de dolor, de odio, de furor y de amor. En el dúo el drama ha terminado.“En este punto únese a la tragedia la creación verdaderamente beethoveniana : la conclusión lírica, la Oda universal ; la sinfonía N.3 y la escena coral.Leonora y Florestán desaparecen. No serán ya en la apoteosis final sino los corifeos del pueblo. No se canta ya la aventura de la humana pareja. Es la libertad y el amor… Inmensa sinfonía con coros, que en la música universal no tiene nada comparable, excepto el último movimiento de la Novena ; pero me atreveré a decir más bella, más perfecta, desbordante de juventud, radiante de felicidad ; porque es la poderosa rama florida del árbol de la vida, en la plenitud de la savia, en el apogeo del año.”Un crítico mucho menos efusivo que Rolland, Paul Henry Lang, no duda en exaltar el humanismo beethoveniano. Escribe Lang : “Fidelio es la expresión del mismo clasicismo que en las postreras obras de Schiller combinaba el sentimiento individual con el pathos de la condición humana, con la libertad, con la lucha por los objetivos más nobles y con la confianza en la victoria final.Bethoven veía en el tema del libreto el ideal cumbre de su tiempo que era una humanidad ennoblecida, la cooperación de todos los hombres buenos para llevarlo a la práctica, las almas hermanadas por el vínculo de la simpatía hacia el oprimido y el gozo supremo en el triunfo del bien.”Por su parte, el crítico alemán Hans Joachim Marx escribió en un artículo publicado en ocasión del bicentenario de Beethoven en 1970 : “El núcleo político de “Fidelio” ha sido siempre encubierto por el subtítulo “El amor conyugal” que evocaba el gran canto a la fidelidad matrimonial. Pero el hecho de que primariamente no se trata de la liberación del esposo de la cárcel, sino de la liberación de un preso político de la cárcel estatal, ha sido resaltado por Ernst Bloch con su alusión a la voluntad de Leonora : “Seas quien seas, yo quiero salvarte”.“Esperanza de libertad y humanidad : la idea directriz de la confesión de fe republicana, es, nos parece hoy, un presupuesto existencial de su lenguaje musical. La acción de su obra no tiene fronteras ni las tendrá nunca mientras esa esperanza siga siendo una utopía política”.Todo ese bagaje de idealismo beethoveniano se expresó magníficamente en esta versión tradicional en el mejor sentido. Escenarios sobrios pero de gran sugestión, una iluminación inteligentemente pautada y una acción escénica siempre convincente, brindaron el marco adecuado para una gran versión de refinada musicalidad.
Franz Paul Decker condujo a la orquesta con una admirable claridad de ideas interpretativas, con tempi ideales para el lucimiento del canto y con una notable sensibilidad en los dos grandes fragmentos puramente orquestales. Nadine Secunde fue una Leonora persuasiva y convincente en lo actoral y sumamente expresiva en su canto. La versión de su aria principal “ Abscheulicher! Wo eilst du hin? tuvo genuina grandeza. Pero la voz más espectacular del elenco, fue sin duda la del tenor suizo Paul Frey, quien brindó una interpretación impactante de su gran aria al comienzo del segundo acto. Para orgullo de nuestro país, no le anduvo para nada a la zaga, el uruguayo del elenco, el bajo Ariel Cazes, que lució una notable calidad vocal en el comprometido rol de Rocco, un personaje que muy pocas veces sale de la escena.El rol de Marcelina fue cubierto con solvencia y seguridad vocal por Mónica Philibert mientras Marcelo Lombardero hizo un Pizarro tan truculento como lo exige la obra. Ruben Martinez puso su pequeño pero hermoso timbre tenoril al servicio del rol de Jaquino y Hernán Iturralde dio la debida majestad a su personaje real.
Sin embargo la escena más emotiva estuvo a cargo del cuerpo coral que interpretó magníficamente el coro de los prisioneros ( con una buena actuación solista de Ricardo López Dorrego y Sebastián de Filippi). La versión ratificó plenamente este juicio de Paul Henry Lang : “Pocos son los contrastes en la literatura dramática de todos los tiempos que nos conmueven tan profundamente como el radiante sol que refulge después de la escena de la oscura prisión ; nos referimos al canto de los prisioneros, tembloroso y cuchicheante al ir saliendo a cielo abierto, y elevándose luego en un himno de acción de gracias en una oda a la libertad”.En suma, en esta era de escepticismo postmoderno, la gran música demostró una vez más que puede seguir siendo abanderada de grandes ideales.