Gerardo Marandino, otro uruguayo que triunfa en Buenos Aires

por Juan Pedro Barbat

El pasado 30 de octubre se estrenó en el Teatro Avenida de Buenos Aires la Lucia di Lammermoor de Gaetano Donizetti con la soprano Laura Rizzo en el rol titular (y que nosotros escucharamos en el Teatro Solís) con nuestro compatriota Gerardo Marandino secundándola en el rol de Sir Edgardo di Ravenswood.

El elenco se completa con Omar Carrión como Lord Enrico Ashton, Cristian Peregrino como Raimondo, Osvaldo Ledesma como Lord Arturo Bucklaw, Carlos Iaquinta como Normanno y Mónica Sardi como Alisa, con el Coro de Buenos Aires Lírica dirigido por Juan Casasbellas.

La regie pertenació a Mario Peruso y la Dirección Orquestal al Maestro Carlos Alberto Vieu. Laura Rizzo tuvo una actuación impresionante, vocalmente impecable, perfectamente afinada y con un timbre muy bello, que ya le conocemos por la Lucia que cantó en el Teatro Solís y luego en el Teatro Colón de Buenos Aires, y como dijera un crítico argentino hizo "la escena de la locura con una facilidad vocal y una convicción que fueron superlativas".

Gerardo Marandino poseedor de un muy bello timbre, que además es ideal para el Edgardo, interpretó el rol con una gran convicción escénica y vocalmente con un fraseo elegante y un estilo que algunos consideraron casi como una lección de canto y buen gusto. Su voz corrió perfectamente por toda la sala en todo momento, pero se lució especialmente en la escena final (foto) en la que logró cautivar a todo el público.

El Enrico de Omar Carrión sonó apasionado y su voz con un muy bello timbre, bien afinada y matizada entusiasmó a los presentes. La Alisa de Mónica Sardi acompañó con solvencia a los principales personajes, pero el resto del elenco no tuvieron eco en el público, que se mostró apático con ellos. Los coros y la orquesta sonarn muy bien y lograron la presencia justa que deben tener los mismos.

El Maestro Carlos Alberto Vieu supo conducir todo en una impecable concordancia, logrando un sonido ajustado y de gran belleza. La puesta de Mario Peruso, que sacó de época la ópera y la trasladó a los años 1920 - 1930 en una concepción muy gansteril, mas digno de Elloit Ness y Los Intocables que de Lucia di Lammermoor, no convenció a muchos, si bien tuvo algunos aciertos, y en términos generales el espíritu de la ópera no fue mayormente alterado.

En definitva una función que valió la pena haber asistido.