GRANDES BAILARINES EN GALA INTERNACIONAL DE DANZA

Por Egon Friedler

Gala Internacional de Danza de Punta del Este - Con participación de bailarines de Cuba, Argentina, Rusia, Chile, Brasil y Uruguay - Con dirección artística de Edgardo March y producción de Álvaro Méndez - En el Hotel Conrad de Punta del Este - 5,6 y 7 de enero de 2004

Hasta ahora, la expresión de danza más frecuente en Punta del Este era la presentación de compañías argentinas lideradas por grandes bailarines como Maximiliano Guerra y Julio Bocca, a los que se sumó últimamente Iñaki Urlezaga. Ocasionalmente también se realizaron presentaciones del ballet del Sodre.
Esta es la primera vez que se reúne a bailarines de 6 países a lo largo de tres días consecutivos. Considerando todas las dificultades para organizar esta empresa puede considerarse que constituyó un logro nada desdeñable.
Es cierto que el único grupo de danza presente fue el uruguayo y que del exterior solo llegaron cinco parejas ; que la organización no contó con el aceitado aparato publicitario de los argentinos y que consecuentemente la concurrencia fue relativamente menor ; que solo hubo trece números en total por lo que en el segundo programa hubo varias repeticiones y el tercero estuvo integrado prácticamente en su totalidad por repeticiones de las dos jornadas previas ; que los tres días los espectáculos se iniciaron con un atraso de unos 25 minutos y que ocasionalmente alguna falla técnica produjo alguna indeseable interrupción.
Pero en un balance objetivo todos estos aspectos secundarios solo tuvieron una importancia menor. Lo que realmente importa es que el resultado artístico tuvo un alto nivel inesperado, confrontando estilos y personalidades muy diferentes.
Para empezar, técnicamente todos desplegaron una solvencia total. Dificultades espinosas como los "entrechats" (entrecruzamientos de piernas en el aire) de los hombres y las "pirouettes fouettés" (giros rápidos y prolongados de una pierna mientras la otra sirve de apoyo) de las mujeres, parecieron juegos de niños prácticamente para todos los participantes.
Pero en ballet la técnica solo es un punto de partida. El arte radica en la expresividad, en la capacidad de comunicación, en ese toque de gracia indefinible que hace la gran diferencia entre lo meramente correcto y lo realmente admirable.
En este sentido descollaron sobre todo tres bailarines : el argentino Luis Ortigoza, primer bailarín del Ballet de Santiago ; el también argentino Leonardo Reale, del Ballet del Teatro Colón y el brasilero André Valadao, del Ballet Municipal de Río. El primero hizo un fantástico despliegue de vitalidad, energía y autoridad escénica como partenaire de la excelente Lidia Olmos en el clásico "Diana y Acteón" (con la vieja coreografía rusa de Vaganova) y en "Estaciones porteñas" (con música de Piazzola y sugestiva coreografía de Mauricio Wainrot.)
Leonardo Reale, que fue un descollante partenaire de Silvina Vaccarelli en el clásico "El Corsario" (coreografía de Petipa) bailó además un solo admirable : "Noche deshabitada" una estupenda variante del tema inagotable del compadrito porteño, con coreografía de Laura Roatta y música de Piazzola.
Por su parte André Valadao derrochó simpatía e hizo alarde de una apabullante facilidad tanto en su tremendamente difícil solo de "Gopak" (con coreografía de Zaharov) como en su versión del "Pas de deux" de "Don Quijote" junto a Marcia Jaqueline.
El nivel de las mujeres no llegó a aproximarse al de estas grandes figuras masculinas, pero fue sumamente digno y técnicamente impecable. Cabe destacar particularmente la elegancia de la uruguaya Rossana Borguetti, que bailó el "pas de deux" de "Espartaco" (Música : Kachaturian, Coreografía : Galstian-Godoy) ; la exuberancia de la brasilera Marcia Jaqueline ("Don Quijote" y "Aguas primaverales) y la impetuosidad y gracia de la chilena Lidia Olmos ("Diana y Acteón").
Desde el punto de vista técnico la pareja rusa (Margarita Rudina y Alexey Nasadovich) y la cubana (Anette Delgado y Romél Frometa) no tuvieron nada que envidiar al resto de sus compañeros. Sin embargo, desde mi óptica personal las mujeres me parecieron algo amaneradas y excesivamente convencionales. De los hombres, el ruso Nasadovich me pareció carente de todo interés artístico, mientras el cubano Romél Frometa tiene un formidable potencial aún no del todo desarrollado.
Más allá de los "pas de deux" tradicionales como "Don Quijote", "El cisne negro" o "Diana y Acteón", lo más interesante coreográficamente de las tres veladas fueron las dos coreografías con música de Piazzola: "Noche deshabitada" con coreografía de Laura Roatta, bailado por Leonardo Reale y "Estaciones porteñas" bailado por Lidia Olmos y Luis Ortigoza ; "Rítmicas" con música de Amadeo Roldán y coreografía de Iván Tenorio bailado por la pareja cubana y la muy musical y balanchiniana coreografía de Eduardo Ramírez para la música del concierto para trompeta de Haydn, bailado por 15 integrantes del Ballet del Sodre, rebautizado para la ocasión como "Ballet de Punta del Este".
A ese acierto de los dueños de casa se suma el espléndido final de fiesta armado por el director artístico de la Gala, Edgardo March al cierre de la tercera y última velada. Hay muchas cosas de las que March y el productor de la Gala, Álvaro Méndez, pueden enorgullecerse en relación a esta aventura artística. Una de ellas, y no la menos importante, fue demostrar que el Uruguay puede hacer un muy buen papel en una confrontación internacional de un nivel muy importante.