Ópera de Cámara           

Ya que los costos espectaculares cada año abruman más a los organizadores uruguayos de cada temporada musical culta, bueno ha de ser insistir - desde el comienzo de la correspondiente al 2003 - sobre la pertinencia de la ópera de cámara en el Uruguay.

Efectivamente no sólo tenemos intérpretes de talento y serio estudio, en cada caso, sino que también el momento actual parecería ideal para tal incursión, lo que  por otra parte no es descubrimiento, pues recordamos - hará un par de lustros - el gran maestro argentino Ricci - luego de brillante ejecutoria en el Teatro Liceo de Barcelona - recordaba en una conferencia, dictada en la Escuela Nacional de Arte Lírico - dirigida por Paolo Rigolín - que tal género desde cualquier punto de vista urgía volverse realidad en estas tierras desde lo estético, lo didáctico para formación del gusto público a lo económico, en el aspecto institucional, dadas las condiciones para llevarse a cabo escénica y musicalmente considerado en forma.

Ahora bien, siendo, además, un género el de ópera de cámara, ensayado con franca aceptación por el SODRE, allá en la década del los años cuarenta del siglo XX, ha sido retomado por el Mtro. Carlos Weiske también experimentalmente en la temporada reciente del 2002, otra vez con amplia acogida de público, intérpretes y crítica especializada, posibilitando una difusión autenticamente fecunda desde las obras mismas hasta la preparación particularmente apreciada.

Siendo un hombre concienzudo en su labor de intérprete correspondería seguir dándole oportunidades, más cuando los músicos uruguayos por motivos presupuestales y de prejuicios ante las novedades del extranjero, muchas veces son injustamente aplazados en sus pretensiones de actuaciones públicas.

Ojalá estas líneas sean un estímulo decisivo al provenir de este suscrito crítico con 49 años de continuada actividad periodística uruguaya. 

Dr. Nelson Giguens Risso