SONIDOS
Y MOVIMIENTO
Por
Egon Friedler
Concierto dedicado a obras de Antonin Dvorak con motivo del centenario de su fallecimiento (1841-1904) : Concierto para piano y orquesta en sol menor Op.33 (Solista : Jitka Cechova) - Sinfonía N. 8 en sol mayor Op.88 - Orquesta Sinfónica del Sodre bajo la dirección de Roberto Montenegro - En el Auditorio del Sodre, julio 24
Parece muy razonable conjeturar que la creciente vinculación del maestro
Roberto Montenegro con la vida musical checa lo indujo a estudiar en profundidad
la obra de Dvorak. Esto pareció evidenciarse en su hermosa versión de la
Sinfonía N.8 en sol mayor en la que hubo un cuidado detallismo, un fraseo
refinado y una exuberante exaltación de sus cautivantes líneas melódicas. Es
cierto que de tanto en tanto algunos instrumentos, especialmente entre los
vientos y los bronces, le jugaron alguna pequeña mala pasada. Sin duda, la
OSSODRE no tiene hoy el nivel de una buena orquesta europea y ésto se percibe
en sus limitaciones en materia de calidad de sonido. Con ello, Montenegro supo
estructurar bien la obra, obtener un buen equilibrio de los planos sonoros y
lograr una respuesta flexible y atenta de la orquesta, alcanzando un máximo de
expresividad en el bellísimo "Allegretto grazioso".
En la primera parte, Roberto Montenegro, brindó un acompañamiento solvente e
inspirado a la pianista checa Jitka Cechova en el poco ejecutado concierto en
sol menor Op.33. Dvorak escribió la obra en 1876 a pedido del pianista Karel
Slavkovsky (1846-1919) pero la obra de gran calidad sinfónica y musical, brinda
escasas oportunidades de lucimiento al solista. Por ello, muchos pianistas no lo
incluyen en su repertorio mientras otros ejecutan una versión más
"pianística" revisada por el pianista Vilem Kurz (1872-1945).
Uno de los biógrafos de Dvorak, Guy Erisman, escribe de esta obra: "Si
bien es cierto que el piano no es aquí el monstruo sagrado de la era
romántica, es posible admirar la extraña poesía familiar que le confiere
Dvorak, oscilando entre la confesión íntima, la ternura y la vitalidad de los
cantos y danzas de Bohemia, y una especie de sortilegio cercano al
impresionismo." La versión de la pianista checa supo traducir en
elocuentes términos musicales esta sugestiva definición.
Ahora, para completar las celebraciones del año Dvorak haría falta prestar
atención a su música vocal, operística y religiosa.
Concierto coral a cargo del Coro del Sodre dirigido por Martín Bergengruen - Solistas : Isabel Barrios (soprano) Lilián Cardone (contralto) Eduardo Fleitas (tenor) Marcelo Otegui (barítono) - En el Estudio Auditorio del Sodre, sábado 31 de julio
El musicólogo norteamericano Philip Gossett hace la siguiente descripción
de la "Petite Messe Solemnelle" en su excelente artículo sobre
Rossini en el Diccionario Grove : "La mejor obra de los últimos años de
Rossini, y sin duda uno de sus logros mayores, es la "Petite Messe
Solemnelle" para doce voces, dos pianos y armonio, escrito para la condesa
Louise Pillet Will y estrenada en la consagración de su capilla privada en
marzo de 1864. Rossini más tarde orquestó la obra por temor a que otra persona
lo haría si no lo hacía él mismo, pero la misa es más convincente en su
versión original. En un comentario introductorio dirigido "al buen
Dios" Rossini se refirió a la misa como "el último pecado mortal de
mi ancianidad" y al final de la partitura autografiada volvió a dirigirse
a Dios en estos términos : ¿ He escrito música sagrada o música maldita? Yo
nací para la "opera buffa" tú lo sabes bien. Un poco de ciencia,
algo de corazón y eso es todo. Sé bendito entonces y déjame un lugar en el
paraíso." Hay algo sumamente simpático en esta irónica ingenuidad. Si de
alguna manera Rossini se ganó una reputación de ser altivo y distante, lo que
fue considerado una forma de defensa, esto desaparece en su gran música y aquí
exalta a Dios "con amore".
Esta expresión : "con amore" también sirve para definir la versión
dirigida por Martin Bergengruen. Este destacado director coral puso al servicio
de la obra toda su musicalidad, su entusiasmo y su honda compenetración con el
lenguaje rossiniano.
La versión ofrecida fue la original con algunos cambios. En lugar de los dos
pianos hubo uno solo, en lugar de un coro de cámara, actuó el coro del Sodre
con cuarteto solista y el armonio fue sustituido por un instrumento moderno de
sonoridad muy similar denominado clavinova.
Bergengruen logró coordinar de manera precisa la labor de los tecladistas con
los solistas y el coro y destacar el siempre presente genio melódico de Rossini
en cada uno de los 14 fragmentos que componen la obra. Tuvo una colaboración
muy eficaz tanto de parte del pianista Luis Pérez Aquino como de Susana Gutman,
en esta oportunidad a cargo de la clavinova. Mientras el primero fue un
acompañante eficaz y al mismo tiempo sumamente sutil para el coro, la segunda
subrayó adecuadamente los climas buscados por el compositor e interpretó con
austera elocuencia su solo : "Preludio religioso para el ofertorium",
el fragmento más místico y menos rossiniano de la obra. En cuanto a los
solistas cabe destacar la expresividad y la calidad estilística del canto de
Isabel Barrios, el hermoso timbre y la cuidada línea de canto de Lilian Cardone
y la singular belleza de la voz de Marcelo Otegui, un cantante de muy promisorio
futuro. Eduardo Fleitas de alguna manera fue en lo estrictamente vocal el
eslabón débil del cuarteto. Sin embargo, realizó una labor musicalmente
satisfactoria, complementando con eficacia la labor del cuarteto solista.
Este excelente concierto hace deseable que se vuelva a pensar en Martin
Bergengruen para dirigir otras obras del amplio repertorio coral universal
escasamente conocidas en nuestro medio.
Presentación del Ballet del Sodre en un programa con coreografías de Rodolfo Lastra - Programa : "Existencia" - con música de Gustav Mahler (con Rossana Borghetti, Luis Ramos, Paula Bertiz, Patricia Martínez y Paulo Aguiar) - "La caída ¡! Oh Libertad! - con música de Mozart y Cherubini (con Sofía Sajac en el rol principal) - "De Humanitate" - con música de Serguei Rachamninoff (con Rossana Borghetti, Natalia Acheriteguy y Sofía Sajac en los roles principales) - En el Auditorio del Sodre, 8 de agosto.
La presencia del director del ballet a partir de enero de este año se hace
sentir. Rodolfo Lastra, un argentino de larga y distinguida actuación primero
como bailarín y más tarde como coreógrafo y maestro, ha demostrado que puede
mantener bien entrenado a nuestro cuerpo de baile y lo que es más importante
aún, darle un rumbo. Si bien pueden encontrarse aspectos no demasiado
convincentes en sus coreografías como por ejemplo sus finales algo simplistas,
es un creador imaginativo, capaz de idear ballets de argumento que funcionen y
de armar situaciones plásticas de indudable coherencia y belleza. Por ejemplo,
en "Existencia" una trama de adulterio con final feliz (papá vuelve a
mamá y a sus hijos) Lastra logra convertir una historia cotidiana y banal en un
delicado poema escénico.En "De Humanitate" logra una espléndida
interrelación de movimientos entre bailarines de blanco, negro y rojo, con el
apoyo de un espléndido manejo de las luces. "La caída, Oh Libertad"
es la más ambiciosa de las tres coreografías, pero a mi juicio, es la más
endeble. El intento de corregir con los recursos del arte coreográfico los
excesos de la Revolución Francesa parece una amable e inconvincente ingenuidad.
Con ello, es necesario admitir que fue una ingenuidad bien bailada.
Sin duda, las figuras más destacadas de la velada fueron los solistas:
Rossana Borghetti, Luis Ramos, Patricia Martínez, Paula Bertiz y Paulo Aguiar
en "Existencia", Sofía Sajac en "La caída, Oh libertad" y
Rossana Borghetti, Natalia Acheriteguy y Sofía Sajac en "De
Humanitate", Pero el resto del ballet no le anduvo a la zaga.
Solo hubo un Talón de Aquiles del espectáculo : la pobre concurrencia de
público. Mi recomendación : realizar todos los espectáculos de ballet en el
Teatro del Moviecenter, aunque sea fuera de los muy disputados fines de semana.
Concierto de la Orquesta de Cámara "Ars Musicae" dirigida por Renée Pietrafesa Bonnet - Programa : J.S.Bach : Concierto en re menor para dos violines, cuerdas y continuo (Solistas : Gabriel Giró y Juan Cannavó, violines) - W.A.Mozart : Divertimento N.2 en si bemol mayor - Igor Stravinsky : Suites Nos. 1 y 2 - Renée Pietrafesa Bonnet : Evocaciones y Danzas 2004 - En el Auditorio del Sodre, agosto 10.
Si Montevideo no tuviera una Renée Pietrafesa tendría que inventarla.
Directora, pianista, compositora, pedagoga, es desde hace muchos años una
animadora incansable e insustituible de nuestra vida musical. Entre sus muchas
hazañas quijotescas se cuenta la de haber fundado y dirigido durante 40 años
la orquesta "Ars Musicae" en la que se formaron numerosos estudiantes
que luego fueron exitosos profesionales. La fórmula para ello es tan simple y
eficaz : detectar a estudiantes talentosos y hacerlos trabajar junto a músicos
profesionales con experiencia.
Este concierto demostró que la fórmula sigue funcionando impecablemente. En el
doble concierto de Bach lucieron su excelente formación y su impecable sentido
rítmico los jóvenes violinistas Gabriel Giró y Juan Cannavó mientras en el
Divertimento N.2 en si bemol mayor los integrantes de "Ars Musicae"
demostraron que son capaces de hacer Mozart con delicadeza, flexibilidad
expresiva y buen gusto. En la excelente preparación de las sarcásticas suites
Nos. 1 y No.2 de Stravinski (orquestaciones de "piezas fáciles"
realizadas por el compositor ruso en 1921 y 1925 respectivamente) se puso en
evidencia el talento pedagógico inspirador de Pietrafesa, quien supo destacar
debidamente la brillantez de orquestación de cada uno de los 8 fragmentos que
componen ambas suites. Por último, Pietrafesa, con una orquesta reforzada por
metales, xilofon, piano y una poderosa percusión, estrenó su interesante obra
"Evocaciones y danzas 2004" cuyo estilo podría definirse como
"eclecticismo exuberante". Hay pasajes líricos en las cuerdas que
recuerdan a Prokofiev, mientras en otros tanto la agresividad rítmica como el
color orquestal parecen evocar a Villalobos. La obra es rica en contrastes,
abunda como lo sugiere la autora en su nota de programa en "sugerencias
tímbricas" y termina con un espectacular y sostenido
"fortissimo". La obra de Pietrafesa, al igual que el resto del
programa, recibió numerosos aplausos de un público no muy numeroso pero sí
entusiasta.
Concierto del violinista Federico Nathan acompañado al piano por Julián Bello - Obras de Beethoven, Isaye, Teleman, Paganini y Ravel - En la Sala "Vaz Ferreira", miércoles 18
No es casual que en un concierto de solo cinco obras, Federico Nathan haya
elegido hacer tres para violín solo. Notoriamente está en una etapa de su
evolución en la que le fascinan las posibilidades técnicas del violín y su
capacidad para dominarlas. Se siente cómodo afrontando las más complicadas
dificultades desde arduos pasajes de dobles cuerdas a sucesiones de armónicos
limpiamente resultos. Sin duda, resultó admirable la facilidad con la que
venció los temibles escollos técnicos de la Balada N.3 del fundador de la
escuela belga de Violín, Eugene Isaye (1858-1931) y del úndecimo de los 24
célebres Caprichos de Niccolo Paganini (1782-1840). Sin embargo, en Beethoven
fue notorio que Nathan no ha madurado lo suficiente como para afrontar un
compromiso más hondo, en el que importan las sutilezas, la sensibilidad, la
elocuencia del fraseo, la elusiva poesía musical. En la "Tzigane" de
Ravel, en cambio, fueron como una alarma para su carrera ciertas desafinaciones
al comienzo de la obra y ciertas exageraciones de dudoso gusto más adelante.
Aún cuando Ravel hace música pretendidamente gitana, ésta posee una fina
elegancia. El joven violinista renunció a la elegancia en aras de un efectismo
bastante banal.
Fuera de programa, Nathan, con acompañamiento de guitarra, ejecutó una obra de
Piazzola que no agregó demasiado a su recital.
Por su parte, Julián Bello, que acompañó a Nathan en Beethoven y Ravel, fue
el espléndido pianista de siempre.
Sin duda, el joven y talentoso violinista tiene aún un largo camino a recorrer.
Cabe esperar que en ese camino encuentre maestros que le hagan buscar la
substancia de la música más allá de la cáscara.