Yun Hao Jiang: Un talento chino
Por Nelson Giguens Risso
Descubrir temporada tras temporada jóvenes valores intérpretes es una tarea afanosa, generalmente cumplida sin hallar tales méritos, más en un campo cultural simultaneamente tan abstracto para las palabras y tan concreto para el oído como lo es la música para el oyente aficionado y más aún para la crítica musical.
Por
lo dicho, más considerando la crisis latinoamericana en lo económico, asombra
poder encontrar en este Montevideo de este Uruguay desorientado, a un joven
chino de apenas 20 años, tan activo en la vida comercial junto a su familia
como acertado en su formación musical, con más de una década de residencia en
nuestra ciudad y con estudios definitivos alcanzados también en
Montevideo.
Lo hemos escuchado en diversos papeles de intérprete en la presente temporada montevideana del año 2003 y sin excepción alguna hemos quedado gratificados, tanto como los chinos siempre han recogido nuestra admiración y nuestro elogio, ya en lo industrial, lo comercial, su filosofía de vida, su carácter, especialmente sus dones de simpática sociabilidad y su ciencia desde las medicinas alternativas hasta lo especificamente dietético, en especial.
He aquí a quien en breve irá a EEUU para perfeccionarse en las disciplinas musicales, seguramente con un futuro brillante. Así, en concierto de cello y piano, junto al maravilloso Julián Bello, en grandes formas musicales ha sido un solista cabal, sin lagunas ni artificios viirtuosísticos, sí sencillamente al servicio de la notación musical y del espíritu del compositor.
Igualmente resultó sorprendentepositivamente, integrando el Trío ASSAI, junto a dos excelentes jóvenes: violinista Damiana Orué y pianista Carla Ferreira, también en el Ciclo de Juventudes Musicales (Sala Zitarrosa), aliando limpieza ejecutiva, propiedd estética y solidez estructural en textos de Vivaldi, dirigió nuestro artista al Ensemble Ciudad de Montevideo, otro envidiable y nobel conjunto camarístico de forma de sexteto de cuerdas, y aquí Yun Hao Jiang sobrecogió a los oyentes por su vitalidad estética, su autoridad concienzuda, consiguiendo brillante coordinación general, planos perfectamente correlacionados y noble uso de intensidades, dentro de una sobriedad tan notable como extraordinaria en nuestro ambiente musical.